martes, 28 de diciembre de 2010

Banditas elásticas

Carlitos pergeñando vaciarle todos los papelitos en la cabeza a la maestra de catequesis. El paquete de arroz que está por la mitad. Una cartulina enroscada luchando por desenroscarse. Un montón de lápices de colores amontonados. Una muñeca apretada con toda la mano hinchada, latiendo y los dedos a punto de explotar. Algunos tiene el amor, la felicidad, la paz mundial o el mundial en sí, en cambio, las banditas elásticas desde su casi inexistente lugar, dentro de la caja, juntas pero solitas le encuentran otro sentido a la vida, mucho más simple, mucho más real, terrenal o visceral.

El Boby:

La tele se prendió, el dvd no anda, el celular no tiene batería, la luz con intermitencia, el perro titila, las tostadas se quemaron y ¿el perro titila? Si ché, aparece y desaparece ¿Qué hago? Le mando un mensajito al dueño. Ah, pero no tengo batería, bueno me como una tostada, pero están quemadas, las raspo, mmm (…) no me gustan, se las doy al perro, pero no lo encuentro, me parece que se tildó, ya ni siquiera titila ¿Cómo hago para verlo? Ya está, tiro talco por toda la casa y se va a remarcar su contorno como en “el hombre invisible”. La casa esta blanca y el perro no aparece. Pará, pará, pará ¿Qué es eso? La tele se prendió otra vez y el perro se metió adentro ¿Es famoso? ¿Y ahora qué hago? ¿Qué le digo al dueño?
Y, que no titila más.

Anteojos 3D:

El paso de los años comienza a demarcarse sobre el cuerpo que me tocó y paradójicamente los primeros síntomas se ven en la vista, el tiempo transcurre y cada vez necesito más aumento en los anteojos, las imágenes se distorsionan, veo mal, por ejemplo, ayer vi que el placar me quería secuestrar y que la naranja se fue rodando hasta autoexpirmirse dentro de la computadora, veo como las luces se prenden y apagan a su antojo a cualquier hora del día. Para ser mas exacto, ahora, en este preciso instante veo como la tinta que le da vida a estas palabras sale del papel, recorre mi mano, sube por mi brazo, llega a la cara y entra por los oídos, por la boca y la nariz, menos por los ojos, qué paradoja ¿no? Definitivamente necesito un aumento.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Estrellas

Como de costumbre hablaba con mi terapeuta sobre mi amigo invisible, porque él sabía que a mí me gustaba la hamaca roja y sin embargo siempre me subía a la amarilla deforme y “ese” es el lugar que adopto hoy y aunque en ese entonces no lo veía sabía que estrella, escupí una estrella y en cada palabra que intentaba pronunciar escupía una estrella. Probé cambiando de tema, hablar de no sé, no se me ocurre nada original, mi mamá, mi abuela, mi novia, pero no da resultado, continuamos con las estrellas, el living donde me atiende la psicóloga estaba inundado de estrellas, lo mismo en el colectivo, -“1,20 de estrellas por favor”-.

En el kiosco -“ Esa estrella está derretida, mejor deme un paquete de estrellas masticables”-.

En el banco a la señora de adelante le cayó una estrella fugaz en la cara y una estrella “disculpas” se quedó atorada en el bastón, de boca al piso la pobre viejita.

En fin, por donde paso y hablo un tsunami de estrellas arrasa con todo. Encima yo sufro de verborragia crónica.

Ácido Media:

“Hoy llueven calaveras
mientras un señor en su casa desmenuza el corazón de su mujer”
-Leo en la portada de las fábulas de hoy-
“La tierra se seca, se agrieta y muchos se caen”.
Corro hacia la ranura para taparla
porque la gente que cayó no me sienta muy bien
pero mi llegada es tardía y ellos trepan.
Retorno a mi habitáculo
a embeberme de eso que llaman
almíbar mediático,
me prendo una leche chocolatada
en un vaso de luces de neón.
En mi paranoia compulsiva acomodo los almohadones
Ubico el sillón 5 mm a la izquierda
-punto exacto lunático menguante-
Y si las coordenadas no fallan me siento
pero un sonido obstruye el equilibrio del ritual noticioso
-olvidé apagar la radio-,
en el trayecto una voz imprime un suceso
-“Todos los teléfonos están descompuestos”-
aprovecho, corro hacia la grieta
y a esos que siguen trepando
les regalo celulares sin batería
-¿Cómo lo cargo?- pregunta uno.
-Con tus neuronas -.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Falta:

La ropa está seca, en la terraza. Tengo hambre, pero en la heladero no hay nada. Todavía no me bajé Blowin in the wind, hace dos semanas que no veo a mis sobrinos, el subtepass tiene 0,50 centavos. Tengo una idea para un guión de radio que revolotea en mi cabeza. Hay un tono que todavía no saqué y un proyecto para un cuento que aguarda expectante un momento de inspiración. Un viaje que no hice, no sé cuál de todos, tres personas que todavía no conozco, miles de cervezas que no penetraron mi hígado. Palabras que no llegaron a mis cuerdas vocales, ni a mis neuronas. Se me quebró una uña color rojo, percudido. Muchas calles que esperan ser pisadas por mi patineta de rulemanes gastados. El celular no tiene más crédito. La cama desecha me observa cuando voy al baño. Una prepizza congelada y el queso crema en la heladera del supermercado. El aire acondicionado está en 24 grados y acá hace calor. El poema de la señora multitasking no tocó mis falanges. Los chicos me esperan para cenar y la toalla húmeda envuelta en mi cabeza comienza a ejercer presión sobre las sienes. Tengo ganas de fumar y el encendedor está en la mochila a años luz de mi alcance. Mientras, en el torbellino de lo irrealizable, justo en el centro, doy un suspiro, algo menos a la lista interminable de lo que me queda por hacer.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Hoy desayuno sola


Yo sólo puedo mirar con los ojos cerrados
este paisaje que es mi casa
Cuatro paredes de valles de escombros
acogen hoy mis más íntegros escupitajos
Y algo con paletas que da vueltas
sopla en mi cara una verdad no reconocida.
Un motor de cocina, una voz pixelada,
y un cortocircuito que estrangula algunas naranjas.
Olor a pan quemado
gusto a gas hecho cubitos,
en el piso los restos fósiles de mis sábanas
sucias del mes que entra
35 de diciembre
es hora de cambiarlas.
Pero antes, mucho antes
Te pido un remix
o un taxi
da lo mismo.

martes, 30 de noviembre de 2010

Las disculpas:

De acá para abajo y de abajo vamos.

Una avestruz duerme entre las ranuras de mis dedos

embalsamada por momentos

grita

desde

su quietud en las tardes naranjas.

Tenías razón, en todo, perdías razón,

paradoja de vos.

Cosa que no embebe mis sentidos

Cosa que no tiene mi/de/al lado.

Una marca círculo en la pared,

tu raciocinio desorbitado una guía de humo

para mis ratos aireados

atados a una mente que vuelve,

sin dejarla, vuelve

y ¿Quién no ve en tus actos una luciérnaga?

¿Acaso yo, sólo yo, vacío yo?

Siento tus pasos firmes

eso me hace amorfa, eso me distingue

eso me hace pétalos

en el aire

de tus suspiros

de tus reclamos

Irreal -tangible

Como los hilos de tus

que tiñen mis tapiz

y aunque/porque/ sin que

sepa, me interese, de tus telares

ambos/sabemos

que tu razón

superior a la mía

siempre es

Paradoja

y

Perdón.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El anhelo de trascender:

El arpón está detrás del árbol que cuaja la servidumbre,

hoy todos tenemos uniforme

y prometemos esos gritos que no aturden

limamos las curdas vocales en el augurio del presente

decapitamos la reflexión en un vaso de aire comprimido,

tanto que el vacío se hace efecto

y en la estela del ayer tiemblan las arterias.

Hoy, tal vez, te diga algo trascendente.

ayer, porque no, te digo lo que no viste,

mañana, quién sabe, te dejo desnudo.

Una mano se levanta bajo la sombra de una falange

y los pies siguen descalzos.

En un edificio el rojo es gris tormento

hasta su derrumbe,

y el cemento se asfixia contra una brisa de mar.

Tanta naturaleza marea,

Tanto viento le vuela el atuendo a los inquilinos

de un planeta oasis en la vía láctea.

“Leche vencida” le gritan

cada vez que transita la esquina,

debe ser por eso que da tantas vueltas

esquivas

sobre su mismo eje,

pero no lo juzgo porque yo hago lo mismo

¿O acaso dije algo en todo este montón

de palabras arrinconadas?

“Escombros vomitados contra el paredón

de un sueño paranoico utópico de realidad”

así me llaman los vecinos

y respondo con la rodilla en alto

me hago cargo

de todo lo que se diga

de todo lo que se calle

hasta que un día

algo trascendente

invada mi lengua.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El OJO de vino y el PAPEL crepe:

Un ojo de vino que recorre el mundo encapsulado por el corcho que emana de su cuerpo, antes fue uva, rama, hoja, sabia, semilla, tierra. Viaja infiltrado en cajas de un puerto con ansias de papel crepe, (porque sepan que hoy todo es papel crepe, es el llanto de todos los días, son las risas, la familia, el hogar, los amigos, es el empapelado de las construcciones que derrocamos y levantamos cíclicamente, la comida que nos alimenta todo los días, la alfombra que recubre nuestros cimientos, las sábanas que tapan nuestros sueños, todo, absolutamente todo es papel crepe), pero a pesar de su imponencia sobre el mundo de las cosas este papel rugoso no está exento de las adversidades de los elemento, por ejemplo una lluvia tiene el poder de convertirlo en bolo alimenticio de alcantarillas, la tierra en cambio puede hacer de él alimento para gusanos, un viento tiene el don de transformarlo en pétalos de ácaros, y el fuego en cenizas de un fogón hippie. Pero existe un elemento más potente aún capaz de esfumarlo convirtiéndolo en nada de polvo galáctico: la risa. Yo, por mi parte, me voy a tomar la licencia de confesar que cuando esto sucede mi diversión alcanza su estado cúspide magnánimo, debe ser por eso que tanto me gusta el ritual del vino sobre la mesa, pero no cualquier vino, más bien uno de esos trotamundos, que tienen ojos, que vieron todo y que cuentan anécdotas que hacen reír.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Chacrita

A la orilla las palabras toman sol

Expectantes

a la espera de una ola que las lleve a barrenar,

en vano aguardan el arribo,

en vano frente a la calma de

una simple laguna de campo

a lo lejos la tranquera divisoria,

un árbol, un establo y un corral.

El sol derrite la pesadez de la calma,

la siesta de los búhos,

el cansancio del ordeñe ,

el eco de una casa vacía.

La montura aguarda sobre un mástil

el pasto de ayer se seca,

la tierra, quejosa de las nubes.

La sequía rememora la gota el barro la sal

Una balsa de humo arriba el cementerio de animales,

y a la orilla de una laguna en construcción

aguardan los pies descalzos una ola,

un silbido, una gota, una caricia,

un algo, una rebenque, un voz.

jueves, 11 de noviembre de 2010

En la choza

eso esto es aquello.

Y yo te vi pasar lento siempre lento.

A tu medida de ron agua ardiente impenetrable

A tu invierno de escarcha dentro de una caja de cerámica

A tus vientos de labios quebrados

¿Y yo? Migas de yo esparcidas por el piso

todas de un mismo pan

seco, húmedo, viejo y duro

en el suelo.

El viento por debajo de la puerta

¿Y yo? en mis tantas revoluciones te veo

pasar, lento siempre lento,

sos vos, sos él, sos ese que no me acuerdo.

Trampolín al vació doméstico, intacto

ante eso que nos cristalizó, desnudos.

Esto, ¿qué es esto?

Es todo eso que enmudece.

Es todo aquello que ya saltó.

Es todo nada persona que aspira a,

porque el vidrio en el piso es el reflejo

que vislumbra el alma de las plantas enredadas

de las que espían por las tejas percudidas del techo

mientras tapan la gotera

de un desagüe a borbotones

de un manantial.

domingo, 31 de octubre de 2010

Barco

El señor de al lado tiene miedo y la señora que está al lado de él se hace pis, señora escatológica no llore, le digo yo, y ella continúa con sus incontinencia antipático. Al frente las olas y atrás también. Un barco que traslada mi experiencia y el ADN recuerda esa vez que también me movía, de un lado a otro, desde la cuna, y cuando la hamaca era adicción, y cuando ya más grande estaba con él, todo eso, mi mente recuerda todo eso, mientras deduce, analiza, calcula los metros sobre el nivel del mar, la velocidad del viento, el peso de la embarcación, los grados hectopascales y como resultante a las intersecciones múltiples las tantas probabilidades de hundirnos, y la señora de incontinencia escatológica llora, le llora la vagina, se hace pis, contiene al marido que llora, le lloran los ojos, entra en pánico, se revuelca en el piso del barco. Por delante las olas, agua, río, horizonte a los costados, laterales de masa líquida, millones de profundidades, el señor de al lado tiene miedo de que el barco se hunda, y yo no, yo sólo especulo con la probabilidad de que el barco se hunda.

X

Error, dulce error

Que pululas por ahí, revoloteando.

Besos de, error

porque siento, tan simple como eso

que esa palabra de más, se vuela

acá, hoy, ahora.

Quién más sino que mi alma la vergüenza

la que olfateó el error que tu ojos imprimieron.

Quién más que tu alma de cayos pulidos

esa, que, sonríe

Ah, error sonrisa también

¿Palabra?, ya lo dije

Memoria entonces, error memoria

del tiempo que pasa

Error con miedo

al silencio, que calla, la oscuridad

de esos días, acartonados,

Sucios, húmedos

De esos días que ya no están

colgados de una pared

atados a una cruz.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Reloj

Yo soy las horas que pasan

yo soy la bomba que desde adentro quiere enmudecer.

Pero no, porque el tic tac es.

Atrevido.

El control es efímero.

El control del tic tac me señala

y el tiempo se escurre entre mis pies

acá, allá, o en donde sea.

O en donde sea que un papel en blanco envuelva mi nuca

y me proteja de las cuerdas vocales.

La cicatrización finalizó, la cura expiró

y esto sigue acá, adentro mío

carcomiendo el silencio de un estigma,

porque es el angioma de mis antepasados,

porque el papel en blanco sin respuesta solo calla,

y los huesos giran sobre su mismo eje.

Dar vida desde cero es lo único que brota

vida a la hoja, en blanco, en rojo o en negro.

Dar vida y crecer, dar vida buena, de papel

que vive más que un saco atiborrado de células

muertas, siempre esa muerte que da vida.

Siempre esa muerte que da vida y aplaca

el dolor de la eternidad que el tic tac emana,

De la angustia de su peso entre cada intervalo.

Entre cada intervalo que angustia de su peso.

-"Apenas se puede ver querida amiga"-

susurra la muerte a mis manos blancas de papel.

-"A penas se puede susurrar querida amiga"-

(susurro a la muerte que anda detrás de mí)

sin ser víctima del peso del tiempo eterno

que evapora la angustia que emana la vida

entre cada intervalo que sucumbe ante el dolor

de la espera de un tic tac a otro, relacionados,

unidos por el augurio de una pequeña eternidad.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Girasoles nocturnos:

Del otro lado, del derecho, un campo de girasoles.

De este, el izquierdo, vos con un trago en la mano:

-Hola, me dijiste.

-El piso tiembla, te dije.

Las luces, el humo, y los parlantes secularizan mis tímpanos.

-Hola.

-El piso tiembla.

El grupete desparramado en un sillón

y el lado derecho por momentos invade la noche.

Un rayito de luz se filtra

entre aquellas monumentales flores,

me encandila,

y un viento cálido sopla mi pelo,

el calor de la pradera acoge mis párpados,

pero los suburbios del punchi se empecinan sobre mi realidad.

¿Cuál es mi realidad? ¿Luna, girasoles con sol, punchi?

-Hola.

-El piso tiembla y siento que no estoy acá.

-Hola.

-El piso tiembla y ¿vos estás acá?

-¿Querés un trago?, insistís.

Regreso al campo de girasoles, la luz del sol, la pradera y mis párpados.

El lado derecho gana la batalla, y así logro disipar el temblor del punchi,

ahora estoy corriendo abriéndome paso entre aquellas

exóticas flores,

bajo el calor del crepúsculo,

y llego a una llanura que me

incita a tirarme y rodar, rodar, rodar.

El piso por momentos tiembla,

y por momentos el pasto me da sarpullido.

- Hola ¿Querés un trago?, insistís.

- ¿Una trago? ¿Un trago con pasto que me da sarpullido?

- ¿Sarpullido? ¡Qué asco!

mientras te alejás con el vaso medio vacío.

Entonces, ya sin nada que me estorbe cerré los ojos

y volví a la pradera

a rodar por el pasto,

rodar, rodar, rodar,

hasta que me topé con los zapatos pisoteados del patovica,

que levantándome con dulzura

me invitó a retirarme del punchi-bar.

Acomodé mi vestidito y me fuí

rascándome, mientras,

los pibes tirados en el sillón.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Receta:

Pelamos un corazón en vivo

sin guantes, con las manos, con los pies

con los ojos, con tu piel.

Ensuciamos la mesada de granito escurridizo,

salpimentamos los latidos

amasamos la sangre y batimos una memoria neuronal.

Todo listo, todo al horno, todo tierno

todo al día, todo vos.

Sólo quedaba esperar, mientras

la cama se fue al baño, a la cocina, a la mesa

y porque no a la heladera,

y el repasador se empapó de aire quemado,

y las horas pasaron a mitad de tiempo.

La aguja de la temperatura ya casi daba la vuelta entera,

pero justo, cuando todo estaba a punto de explotar:

el horno hizo catarsis.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Horas amorfas:

Sin palabras sobre la tina, hoy no hay catarsis,

ahora no existe la idea, son las manos,

las falanges que imploran libertad.

Transportan memoria ancestral

y la sangre que palidece con las horas

desterradas por las multitudes.

Doy la orden y todos de pié

firmes, ante la hoja en blanco,

"que divertido" diría mi amigo invisible,

como cuando trepaba alto muy alto hacia el extremo

inalcanzable del molino y al llegar al borde,

del otro lado el vértigo.

Nada cambió, aunque la venda se empeñe en

mis ansias de retrasar el viento en la cara,

tan simple como eso, nada cambió.

Y las palabras una vez más abren el camino

y en su estela lo dejan panorámico,

convirtiendo en polvo las paredes,

labrando arcilla para reincidir,

miro el tiempo que huye

pero encuentro la perilla del tic tac pervertida

por un gallo lunático que anda por ahí,

comiendo maíz del zócalo plastificado,

que con su cresta roja se acerca,

sube a la mesa, picotea el parlante,

hace un hueco en la computadora, se mete,

se escabulle por la pantalla, desde adentro,

cambia la fecha, para el reloj

picotea algunos archivos,

cambia de tema, me obliga a escuchar un jazz,

desequilibra el teclado, cambia las letras de lugar

y no que hacer yo se pargebnnlijsde gvrt gf4t

jueves, 26 de agosto de 2010

El señor

Sin amar nada de las almas

el señor tomó algunas ropas y se quedó

contra los vientos, se quedó,

bajo un bonsái preparó su habitáculo

pero se perdió en la inmensidad del rocío.

Desolado por la falta de calor,

con miedo de ojos despejados

entonó unos pocos recuerdos,

sólo tres, como estrofas de cuna.

El primero trajo con sí una ráfaga de viento,

el segundo se hizo presente bajo la forma de un halcón,

y el tercero le dio impulso.

Entonces el señor

ya valeroso de su cuerpo

trepó hacia la rama más alta y se lanzó

sin pensar en el abismo, se lanzó

sobre el vuelo más profundo de su vida.