domingo, 21 de noviembre de 2010

El anhelo de trascender:

El arpón está detrás del árbol que cuaja la servidumbre,

hoy todos tenemos uniforme

y prometemos esos gritos que no aturden

limamos las curdas vocales en el augurio del presente

decapitamos la reflexión en un vaso de aire comprimido,

tanto que el vacío se hace efecto

y en la estela del ayer tiemblan las arterias.

Hoy, tal vez, te diga algo trascendente.

ayer, porque no, te digo lo que no viste,

mañana, quién sabe, te dejo desnudo.

Una mano se levanta bajo la sombra de una falange

y los pies siguen descalzos.

En un edificio el rojo es gris tormento

hasta su derrumbe,

y el cemento se asfixia contra una brisa de mar.

Tanta naturaleza marea,

Tanto viento le vuela el atuendo a los inquilinos

de un planeta oasis en la vía láctea.

“Leche vencida” le gritan

cada vez que transita la esquina,

debe ser por eso que da tantas vueltas

esquivas

sobre su mismo eje,

pero no lo juzgo porque yo hago lo mismo

¿O acaso dije algo en todo este montón

de palabras arrinconadas?

“Escombros vomitados contra el paredón

de un sueño paranoico utópico de realidad”

así me llaman los vecinos

y respondo con la rodilla en alto

me hago cargo

de todo lo que se diga

de todo lo que se calle

hasta que un día

algo trascendente

invada mi lengua.

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