martes, 30 de octubre de 2012

El pasaje

Calle que todo lo ve
calle que nada lo espera
en las andanzas de un tiempo levitado
encuentro milagrosa tu lado mas oscuro
un tu brillo intermitente como mi pulso
protectora de aquellos que te abrazan
calle que amparas y escuchas
calle en el cielo, adoquines de besos
que incautas, dolor espumante
que brota consuelo y alivio
testigo de una sombra empañada
seducida por el rocío árido de un insomne
te extraña el amate que no olvida
porque el recuerdo inherente es tu alma
luz que brota entre tus poros
desfilando inmóvil transito tu recuerdo
aunque serena la luna no te alcanza
y en los supiros quietos del silencio
en la avidés y la ternura del último final
que acncla un punto y coma al alejarse
en el transitar descalzo tu rosto tan vacía
serena de siempre tu silencio conocido
callecita sólo un deseo me queda ante tu ojos
contamplar el ir de aquellos que supieron
frente a mi saber de vos ser cómplices

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Neurosis meditativa


Me senté en una esquina a ver pasar, necesitaba distender mi mente. Nunca supe meditar, respiro sólo cuando beso esuché por ahí. No sé muchas técnicas de nada, no sé ninguna técnica de nada, pero eso sí, siempre supe saber ver, sólo ver  para saber que el tiempo es mío. Con la mente amarrada a un par de cables de los cuales me colgué me senté en una esquina a ver pasar.  Vi una pareja que no iba de la mano, un anciana con anteojos modernos para su época y para hoy, da lo mismo, mi objetivo no es hacer un juicio de valor, mi objetivo es parar la mente y ver, el señor que compra pescado, el linyera que no puede dormir por el ruido de los autos por el sol que le pega en la cara por los pajaritos que se despiertan, como él. La señora con kilos demás comprando repollitos de Bruselas, la señora joven con calzas apretadas que sale del gym y espera su turno en la verdulería, el chino del local de al lado que se fuma un cigarrillo en la vereda, los hijos del chino que juegan a  ayudar de verdad en el supermercado. El diarero que me ficha, le esquivo la mirada, no quiero que me hable. El cerrajero, el portero de mi edificio, la mujer del portero hamaca a la nena más chica  en la plaza, el pasto, el regador que se activa solo cada tantos minutos ¿Habrá un sensor debajo de la tierra?, el barrendero, el chico flaco que ya mide como 1,80, tan rebelde que parece y su mamá lo va a buscar justo en el momento que termina de jugar a la pelota, un auto azul que estaciona no sos vos el tuyo es negro. La del quinto con el perrito en brazos tan histérico como ella, basta con el juicio de valor. El poste, pasan las horas y es lo único que queda, el poste verde de la luz que está apagada. Alguien que se asoma por la ventana, un colectivo que pasa fuera de su recorrido, una señora sale al balcón a regar las plantas ¿No era que había que regarlas de noche? Las baldosas rotas, unas chica que anda en bici, otro que cruza mal, un nena que se le rompe la bolsa y se le caen los alcauciles, un auto amarrillo, un auto gris, tres autos blanco, una Chevy, el semáforo en rojo.
Llega el mediodía el sol me habla, se pueden ir sintiendo los aromas típicos del almuerzo, o es una ilusión producto de mi ayuno, pasa un cartonero comiendo un pancho mientras se levanta la carcasa de un ventilador y sigue su ruta, el del quinto que justo bajó lo mira por encima del hombro mientras continúa caminando en dirección a la fábrica de pastas de donde sale el coloradito de pelo cobrizo en contacto con los destellos del sol, me quemo la cara pero sigo mirando aunque debería tener cuidado con el cáncer de piel dado que tengo antecedentes gracias a mi queridísimo padre que dios lo tenga en la gloria, no creo en dios, ah bueno pero que lo tenga en la gloria igual porque si lo tiene a él en la gloria seguro que  también me va a tener que tener a mi, el del quinto que vuelve a entrar al edificio, esta vez no mira mal a nadie porque no hay nadie a quien mirar, tiene una bolsita de queso rallado en las manos, se le cae y acto reflejo disimula frente a la cámara de seguridad como si fuese el ojos izquierdo de su mujer que todo lo ve.
Semáforo en verde, una bici plateada,  dos skaters, un auto negro, un auto gris oscuro, una camioneta, dos, tres autos más, no sos vos, vos andás en moto.
Pasa un cura con calor y sotana a cuestas, el diarero se va, en su lugar entra un joven diarero. Baja mi mamá, seguro que me busca, me pongo los lentes me hago la boluda se pierde en el horizonte de una calle sin fin, esa mujer que me trajo al mundo, que casi se muere para que yo esté acá sentada como la boluda que me acabo de hacer,  ella que da todo por mí, seguro que preparó un bello plato rico en verduras y semillas sabiendo que tanto me gustan. Dejo la esquina en dirección al chino, compro un Mantecol no ese no el grande, saco las llaves, cruzo, vuelvo a cruzar, mamá ya debe estar por venir le voy a dar el Mantecol que tanto le gusta lo dulce después de comer ¿qué tanto? Mucho como a mí, sólo que yo me cuido y ella no toma alcohol por eso se puede dar esos permitidos que yo no, llego a la puerta de vidrio de mi edificio, la meditación llegó a su fin cargada de prejuicios y preconceptos me dispongo a entrar, hecho un último vistazo a la esquina, a lo que pasa alrededor de ella, al mundo que gira en torno a si mismo, al tiempo que también pasa despiadado sin detenerse para que podamos observarlo. Pasan los viejos, los nenes, los humildes, los que trabajan, los que sudan, los del domingo, los colorados, las mascotas, las pelotas por debajo de los autos, pasan las pastas dentro de las bolsas, los mantecoles, los pendejos, el del quinto, pasan de mano en mano en el pasa manos, las mamás haciendo tiempo para comer junto a sus hijas boludas, pasan los autos de miles colores, los graffiteros, los artistas, todo pasa, pasa de todo, menos vos.