jueves, 26 de agosto de 2010

El señor

Sin amar nada de las almas

el señor tomó algunas ropas y se quedó

contra los vientos, se quedó,

bajo un bonsái preparó su habitáculo

pero se perdió en la inmensidad del rocío.

Desolado por la falta de calor,

con miedo de ojos despejados

entonó unos pocos recuerdos,

sólo tres, como estrofas de cuna.

El primero trajo con sí una ráfaga de viento,

el segundo se hizo presente bajo la forma de un halcón,

y el tercero le dio impulso.

Entonces el señor

ya valeroso de su cuerpo

trepó hacia la rama más alta y se lanzó

sin pensar en el abismo, se lanzó

sobre el vuelo más profundo de su vida.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Realidad:

Interlocutor del alimento

derramado sobre los extractos de porcelana.

Pulposa la carne sin dientes

sopa de verduras

humo de frutas

y la gente con frío no sabe de vajillas

mas que el tour por la calle sucia

de los sabañones con sal a gusto.

Y ellos son nuestros

disposición de limosna

delivery para donar:

Jugo de kiwi

Helado con nuez

Té para digerir

sueños recolectados de la basura.

Suyos los residuos

nuestro el reciclaje de cartones

que reencarnan en camas

para dormir mejor

de más allá, de no saber

de no sentir

el olorcito a comida

al llegar a casa

el calor de la hoguera

alimentada por el combustible

de nuestra grasa trans.

martes, 17 de agosto de 2010

Otra vez

Un crepúsculo interno ansía explotar, los ojos ardidos, bocinas, palabras, pelos, rodillas, aguas y más buscan la luz. Porque de eso se trata siempre ¿Y por qué no la oscuridad? ¿Por qué no darle una tregua a la luna por un día? Bajar las persianas, taparse los ojos y rodar por el pasto.

Tic-tac, tic-tac. Un rato más

Tic-tac, tic.tac. Me toca bañar, peinar, vestir, hablar, sonrisa, molinete, leer, plata, estudiar, olvidar , escribir, vivir.

¿Y si no? ¿Y si lo oscuro? ¿Y si hoy dejo todo?

Y sólo me dedico a rodar. Por el pasto. A oscuras. Susurrando un jazz. En mi cama. De cuclillas. Abrazada a mi crepúsculo lunar que no me suelta.

sábado, 14 de agosto de 2010

Mirá cómo me importa:

Del silencio nada queda, sólo el ruido de una heladera intermitente.

Me aburrí, de escribir pero la inercia me somete.

Mis manos lloran y la tinta del alma se me escapa.

Y los de afuera te quieren callar

y los de afuera no te quieren de rojo desnudo.

Cuánta nada desecha, y todo de más

y el olor de los pinos que vuelan bajo la lluvia

y los techos que caen sobre el aljibe de oro.

Pobre el intento de algunas palabras amontonadas

piensan ustedes por dentro, mientras río porque

sé que no apetecen lo inentendible,

sé que el nivel del mar siempre vuelve a cero,

sé que la lógica abusa de lazarillo,

se que mis imágenes marean

y sé quién soy porque cerré el baúl,

y llamo al silencio que mi lírica quiebra,

y evoco esas visiones que no respetan la prosa,

como las horas de crema que tengo en el estómago

o las ansias de tiempo que tengo en la heladera,

para que las coman,

cuando tengan hambre

cuando tengan miedo

cuando tengan sueño

cuando no me entiendan.

viernes, 6 de agosto de 2010

El intruso

La piedrtita del zipoo no anda, el gas sí. Necesito fuego ya, si no pruebo el habano en menos de cinco minutos explota todo, y el habano no se resiste su ansiedad es progresiva, va a explotar todo justo hoy que conseguí la alfombra de mimbre violeta, me acuerdo del fuego del calefón, soy muy inteligente. Uuuuuuufffffffffffffffffffffffffffff, humo, éxtasis, tabaco, uuuffffffffffffffffffffffffffffff. Amo fumar, le doy un traguito al vino, miro el humo salir de mi boca, del cigarro, de mi boca, amo estar solo, amo el humo, fumar es muy zen. Pero me siento observado, puedo percibir una presencia dentro de la cocina que focaliza su atención en mí y no soy yo. A pesar de que el espacio es reducido no veo a nadie, pero está, sé que está. Volteo, hurgo con la mirada y me encuentro con él, un muñeco bebote con pañales y nada más, rubiecito, ojos azules vivaces, una imagen muy tierna que me mira distinto, me mira desde su lugar en el mundo con una expresión inocente pero desafiante ante eso que yo era y que estaba reflejando a través de mis acciones en ese preciso instante. Si bien la culpa no llegaba a abarcar ni un dos por ciento de mis reflexiones diarias en ese momento me sentí indigno, sentí todos aquellos hábitos en los que desperdicié la vida que me fue otorgada, cayeron sobre mi cabeza todos esos años de responsabilidad nula sobre mi propia persona, me dolió. Y él no hacía nada, sólo se dignaba a mirar como yo exhalaba humo e inhalaba vino, con sus hermosos ojos claros anclados en una pequeña porción de mi lujuria, con sus pupilas que no necesitaban hablar para decirme “Sos un libidinoso, no tenés derecho a estar en el mismo lugar que yo”, me estaba echando de mi propia casa sin ni siquiera emitir sonido, ese dulce y tierno pedazo de plástico había reencarnado en mi inconsciente auto-represivo y me hablaba a través de su sola presencia. Lo odié, quién era él para bajarme línea de esa manera, nadie lograba denigrarme, allá en el mundo tenía un séquito de personas que estaba esperando a que yo hable para callarse y escuchar, una cantidad inexorable de gente que me observaba con atención para luego imitar mis formas y ademanes, del otro lado de la cocina un arsenal de jóvenes me estaba esperando para tomarme como referente, y yo metido ahí adentro, con un bebote de juguete que con su sola y estática presencia dejaba al descubierto lo repugnante y miserable de mi propio existir.

martes, 3 de agosto de 2010

Bañista

La señorita pulcra, impecable, el gorrito turquesa haciendo juego con el traje de baño. Mide la distancia, sus pies delicados toman envión, se desplazan por la tierra, embarrados llegan al límite y saltan impulsando al cuerpo a imitarlo. Pero al caer al río ella se olvida de lo que tenía que hacer y se queda suspendida con los ojos abiertos acogida por esa masa de líquido marrón, de repente cosas, animales, vegetación, residuos y más cosas que habitan el río comienzan a acercársele progresivamente, un pez, una víbora de mar, un palito de helado, un tronco, una boya, un anzuelo vienen hacia su cuerpo atraídos por su propio eje y ella no sabe qué hacer, entonces se entrega, abre los brazos y se entrega a todo eso que está por venir.