Del silencio nada queda, sólo el ruido de una heladera intermitente.
Me aburrí, de escribir pero la inercia me somete.
Mis manos lloran y la tinta del alma se me escapa.
Y los de afuera te quieren callar
y los de afuera no te quieren de rojo desnudo.
Cuánta nada desecha, y todo de más
y el olor de los pinos que vuelan bajo la lluvia
y los techos que caen sobre el aljibe de oro.
Pobre el intento de algunas palabras amontonadas
piensan ustedes por dentro, mientras río porque
sé que no apetecen lo inentendible,
sé que el nivel del mar siempre vuelve a cero,
sé que la lógica abusa de lazarillo,
se que mis imágenes marean
y sé quién soy porque cerré el baúl,
y llamo al silencio que mi lírica quiebra,
y evoco esas visiones que no respetan la prosa,
como las horas de crema que tengo en el estómago
o las ansias de tiempo que tengo en la heladera,
para que las coman,
cuando tengan hambre
cuando tengan miedo
cuando tengan sueño
cuando no me entiendan.
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