A 180 grados del otro lado.
Púa indisciplinada, hiedra del olvido.
No tanto dicen los tímpanos, no porque oyen,
No porque huelen, no porque vós.
Y un fugaz destello acarrea tus encías
Tan duras, eterno caníbal.
Imposible transitar aquellos vanos cueros de vía crucis,
Gritan presente a las paredes,
De nuestro cuarto transmutado a la soledad;
Zócalos sin curiosidad, desdeñados del saber
Sin manos acariciándolos, arañándolos
Faltos de pasiones desencontradas, sin gritos de jerarquía
Sin sobras de un amor apaciguado libre del calvario;
Y ellos testigos de tus sobras, de mis fuerzas tuyas
Tan vanas del pesar, frágil a tus pestañas, a tus partículas
Y verte revivir en otras, más exquisitas, menos inflamables.
Pero en el afán de clonarlas a 180 grados te veo,
Inevitable no voltear, inevitable no saber que del otro lado
Tu barba, tan propia, escoltando mi legado la veo,
En una, otra, miles retratos invisibles no me bastan.
Pelando rosas con las manos espero otra señal
Otra vuelta de la vida y siento el equívoco de los 180 grados incompletos.
Acariciando búfalos me encuentro.
Profundizando en el exilio de aquella media mitad, incompleta, extraña
Menguando en el paraíso de tus barbas, con canas, sin sobras,
Ausentes, pero a 180 grados al fin.
Ideas que se hacen palabras como un torbellino que aflora en mí, y junto a ellas la frontera que nos divide al momento de. Hasta que el poema, la prosa, retoma esas anisas de libertad que mi mente anhela en cada latido, en cada rayo de luz que se infiltra en mis retinas, pero nunca es suficiente y tampoco pretendo que lo sea. Debe ser por eso que me limito a no limitarme.
lunes, 24 de mayo de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
LA TORTUGA DE DARWIN
Hilo, pendiente venenosa, amarrete.
Un centímetro de existencia vil.
Hilo, cómplice de ensueño perro amado.
Hilo, arista punzante, sin horas, sin tiempo;
capullo de brotes en breve nacer,
sensibles a la fotosíntesis de tu languidez que se pierde en el infinito,
eterna, como aquella niña llorando frente al espejo.
Compungidos sus ojos de por vida,
en fotos no se consideran, ni en pastos, ni hamacas,
sólo en hilos de los que pende, de los que penden,
de los que corta, de los que opera,
de los quiere,
de los que amarra, y pierde.
Pero otros vendrán, sin saber el rumbo al igual que aquel quelonio de Darwin,
que también amarraba hilos,
por sobre todas los vocablos que no pudo manifestar.
Desesperante estar en sus cayos,
tan lentos, tan sabios, tan cerca de la tierra
en la que un siglo anterior fue depositada,
y luego adoptada por cierto visionario rebelde.
Pero no puede hablar,
se remuerden sus papilas gustativas,
sabiendo que las cambiaría, sí, se atrevería a intercambiar esa mixtura
manjar de sabia que emana la lechuga
por aunque sea emitir sonido que permita comunicar tantas vivencias;
pero indefectiblemente su destino de tortuga le fue otorgado,
sin aviso previo,
sin otro sumiso camino que el de aceptar su condición,
que trae con sí aquel hilo del que cuelga.
jueves, 6 de mayo de 2010
Obstinados ojos míos:
Tus ojos descuidados, yo, los encuentro, profundos, hundidos en la pérdida de lealtad, zozobrando en las tinieblas de la monotonía, ya saben que se van, ya saben que no hay rumbo. Pero los miro, y cuando el azar en benévolo, me permite vislumbrar las pupilas, hurgar esos prohibidos. ¿Cómo decirte que reencarno en tus ficciones cada vez que bajas la mirada?
Buscando esa desilusión intuiré ¿Cómo no he de saberte si mi camino es paralelo? Como otros que seguramente lo sean adherido al mío, pero no están para mí, sino sólo el tuyo.
Los grises nunca fueron más negros, cada centímetro que el tiempo me otorga es una agonía de esperar a que nada entre nosotros sentencie, porque un mandato del cielo, al que sorteamos, me lo otorgó. Las lianas tiene que fusionar y al hacerlo terminantemente, en ese entonces lejano, utópico, tal vez encuentre tu caudal y pueda unirte a mis pestañas, a mis corneas, a mis queratinas que todavía no encontré. Hasta que sí, hasta que el bien, hasta lo blanco, hasta la luz, en unas horas y la nada se apodere de mis imperios fortuitos, de aquellos fuertes de arena con cimientos en las nubes. Sólo un día nublado, ventoso, o soleado, basta para demolerlo, Porque ¿Quién tiene una verdad que llegue a perdurar un segundo absoluta en el sentir de la vida?
Caso omiso porque te pienso, caso perdido porque te vi.
Buscando esa desilusión intuiré ¿Cómo no he de saberte si mi camino es paralelo? Como otros que seguramente lo sean adherido al mío, pero no están para mí, sino sólo el tuyo.
Los grises nunca fueron más negros, cada centímetro que el tiempo me otorga es una agonía de esperar a que nada entre nosotros sentencie, porque un mandato del cielo, al que sorteamos, me lo otorgó. Las lianas tiene que fusionar y al hacerlo terminantemente, en ese entonces lejano, utópico, tal vez encuentre tu caudal y pueda unirte a mis pestañas, a mis corneas, a mis queratinas que todavía no encontré. Hasta que sí, hasta que el bien, hasta lo blanco, hasta la luz, en unas horas y la nada se apodere de mis imperios fortuitos, de aquellos fuertes de arena con cimientos en las nubes. Sólo un día nublado, ventoso, o soleado, basta para demolerlo, Porque ¿Quién tiene una verdad que llegue a perdurar un segundo absoluta en el sentir de la vida?
Caso omiso porque te pienso, caso perdido porque te vi.
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