miércoles, 23 de febrero de 2011

Marido Ideal:

Despierto y no reconozco el lugar
siento un bulto al lado de mi cuerpo
que se mueve, volteo y estoy en mi cama
los almohadones son el marido ideal.
La pared blanca, decorada, no me habla
la tele va a prenderse en cinco minutos,
comienza la cuenta progresiva.
Se habre la puerta y lo que está al lado mío se transforma.
Los almohadones ahora son globos
Se vuela el techo, las sábanas suben
Se prende la tele y lo de al lado ahora es
una masa amorfa que dansa al compás de Crónica TV.
Se cierra la puerta y una bolsa de caramelos
explota dentro del placard.
Lo de al lado mío, ahora,
es un tero chiquito que no cesa de llorar
su llanto progresivo seculariza mis tímpanos.
Una alarma de bomberos grita desde afuera
algo se prende fuego en la manzana
y un humo que no me deja ver emana a mi lado.
Sueño, duermo, despierto, no puedo respirar.
Me abraza, el humo me abraza, y no puedo salir.
Ahogo, no puedo respirar.
Mi cuerpo, embalsamado
Y el humo se disipa.
El humo que oprime mis pulmones me da un respiro .
dejando un estela que se esfuma
por la ranura de la puerta que lo trajo
llevándose con él
el lugar que ocupaba en mi cama,
trayendo con su ida
más espacio para desperezarme.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Tortuga Surfer:

La tortuga salió a barrenar
pero no lograba llegar a la orilla.
En la fuerza impenetrable de sus cayos, se hundía
con la boca intentaba tomar la cuerda de la tabla
pero el viento, escupitajo del cielo, se reía.
Un cóndor, la observaba desde lo alto del morro.
Sin inmutarse, anclaba las córneas en su caparazón.
Él podía ayudarla, el podía brindarle ese envión
caído del cielo, o del morro, pero no,
prefirió sentarse y jugar a ser espectador
de una obra en contrucción tangible.
Optó deleitar su horizonte con un paso a paso relentado,
De garras arañando la arena
De sudor salpicando la espuma de mar
Del fruto del esfuerzo anclado en las paredes colectivas.
Así pasaba las tardes el cóndor, mirando el horizonte
Espuma de mar, viento, arena, contrastes caribeños
Y en el centro, como un lunar en el paraíso,
una tortuga con ansias de barrenar,
hasta que una ola, un sunami a sus ojo contra el piso
la devuelve a su punto de origen, sin angustia, sin prisa
paso a paso, el juego comienza otra vez.