miércoles, 22 de septiembre de 2010

Reloj

Yo soy las horas que pasan

yo soy la bomba que desde adentro quiere enmudecer.

Pero no, porque el tic tac es.

Atrevido.

El control es efímero.

El control del tic tac me señala

y el tiempo se escurre entre mis pies

acá, allá, o en donde sea.

O en donde sea que un papel en blanco envuelva mi nuca

y me proteja de las cuerdas vocales.

La cicatrización finalizó, la cura expiró

y esto sigue acá, adentro mío

carcomiendo el silencio de un estigma,

porque es el angioma de mis antepasados,

porque el papel en blanco sin respuesta solo calla,

y los huesos giran sobre su mismo eje.

Dar vida desde cero es lo único que brota

vida a la hoja, en blanco, en rojo o en negro.

Dar vida y crecer, dar vida buena, de papel

que vive más que un saco atiborrado de células

muertas, siempre esa muerte que da vida.

Siempre esa muerte que da vida y aplaca

el dolor de la eternidad que el tic tac emana,

De la angustia de su peso entre cada intervalo.

Entre cada intervalo que angustia de su peso.

-"Apenas se puede ver querida amiga"-

susurra la muerte a mis manos blancas de papel.

-"A penas se puede susurrar querida amiga"-

(susurro a la muerte que anda detrás de mí)

sin ser víctima del peso del tiempo eterno

que evapora la angustia que emana la vida

entre cada intervalo que sucumbe ante el dolor

de la espera de un tic tac a otro, relacionados,

unidos por el augurio de una pequeña eternidad.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Girasoles nocturnos:

Del otro lado, del derecho, un campo de girasoles.

De este, el izquierdo, vos con un trago en la mano:

-Hola, me dijiste.

-El piso tiembla, te dije.

Las luces, el humo, y los parlantes secularizan mis tímpanos.

-Hola.

-El piso tiembla.

El grupete desparramado en un sillón

y el lado derecho por momentos invade la noche.

Un rayito de luz se filtra

entre aquellas monumentales flores,

me encandila,

y un viento cálido sopla mi pelo,

el calor de la pradera acoge mis párpados,

pero los suburbios del punchi se empecinan sobre mi realidad.

¿Cuál es mi realidad? ¿Luna, girasoles con sol, punchi?

-Hola.

-El piso tiembla y siento que no estoy acá.

-Hola.

-El piso tiembla y ¿vos estás acá?

-¿Querés un trago?, insistís.

Regreso al campo de girasoles, la luz del sol, la pradera y mis párpados.

El lado derecho gana la batalla, y así logro disipar el temblor del punchi,

ahora estoy corriendo abriéndome paso entre aquellas

exóticas flores,

bajo el calor del crepúsculo,

y llego a una llanura que me

incita a tirarme y rodar, rodar, rodar.

El piso por momentos tiembla,

y por momentos el pasto me da sarpullido.

- Hola ¿Querés un trago?, insistís.

- ¿Una trago? ¿Un trago con pasto que me da sarpullido?

- ¿Sarpullido? ¡Qué asco!

mientras te alejás con el vaso medio vacío.

Entonces, ya sin nada que me estorbe cerré los ojos

y volví a la pradera

a rodar por el pasto,

rodar, rodar, rodar,

hasta que me topé con los zapatos pisoteados del patovica,

que levantándome con dulzura

me invitó a retirarme del punchi-bar.

Acomodé mi vestidito y me fuí

rascándome, mientras,

los pibes tirados en el sillón.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Receta:

Pelamos un corazón en vivo

sin guantes, con las manos, con los pies

con los ojos, con tu piel.

Ensuciamos la mesada de granito escurridizo,

salpimentamos los latidos

amasamos la sangre y batimos una memoria neuronal.

Todo listo, todo al horno, todo tierno

todo al día, todo vos.

Sólo quedaba esperar, mientras

la cama se fue al baño, a la cocina, a la mesa

y porque no a la heladera,

y el repasador se empapó de aire quemado,

y las horas pasaron a mitad de tiempo.

La aguja de la temperatura ya casi daba la vuelta entera,

pero justo, cuando todo estaba a punto de explotar:

el horno hizo catarsis.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Horas amorfas:

Sin palabras sobre la tina, hoy no hay catarsis,

ahora no existe la idea, son las manos,

las falanges que imploran libertad.

Transportan memoria ancestral

y la sangre que palidece con las horas

desterradas por las multitudes.

Doy la orden y todos de pié

firmes, ante la hoja en blanco,

"que divertido" diría mi amigo invisible,

como cuando trepaba alto muy alto hacia el extremo

inalcanzable del molino y al llegar al borde,

del otro lado el vértigo.

Nada cambió, aunque la venda se empeñe en

mis ansias de retrasar el viento en la cara,

tan simple como eso, nada cambió.

Y las palabras una vez más abren el camino

y en su estela lo dejan panorámico,

convirtiendo en polvo las paredes,

labrando arcilla para reincidir,

miro el tiempo que huye

pero encuentro la perilla del tic tac pervertida

por un gallo lunático que anda por ahí,

comiendo maíz del zócalo plastificado,

que con su cresta roja se acerca,

sube a la mesa, picotea el parlante,

hace un hueco en la computadora, se mete,

se escabulle por la pantalla, desde adentro,

cambia la fecha, para el reloj

picotea algunos archivos,

cambia de tema, me obliga a escuchar un jazz,

desequilibra el teclado, cambia las letras de lugar

y no que hacer yo se pargebnnlijsde gvrt gf4t