miércoles, 15 de septiembre de 2010

Horas amorfas:

Sin palabras sobre la tina, hoy no hay catarsis,

ahora no existe la idea, son las manos,

las falanges que imploran libertad.

Transportan memoria ancestral

y la sangre que palidece con las horas

desterradas por las multitudes.

Doy la orden y todos de pié

firmes, ante la hoja en blanco,

"que divertido" diría mi amigo invisible,

como cuando trepaba alto muy alto hacia el extremo

inalcanzable del molino y al llegar al borde,

del otro lado el vértigo.

Nada cambió, aunque la venda se empeñe en

mis ansias de retrasar el viento en la cara,

tan simple como eso, nada cambió.

Y las palabras una vez más abren el camino

y en su estela lo dejan panorámico,

convirtiendo en polvo las paredes,

labrando arcilla para reincidir,

miro el tiempo que huye

pero encuentro la perilla del tic tac pervertida

por un gallo lunático que anda por ahí,

comiendo maíz del zócalo plastificado,

que con su cresta roja se acerca,

sube a la mesa, picotea el parlante,

hace un hueco en la computadora, se mete,

se escabulle por la pantalla, desde adentro,

cambia la fecha, para el reloj

picotea algunos archivos,

cambia de tema, me obliga a escuchar un jazz,

desequilibra el teclado, cambia las letras de lugar

y no que hacer yo se pargebnnlijsde gvrt gf4t

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