En el eco de un recuerdo el muso se fue a luna,
lo vi pasar en su andar monocorde de pies arrastrados
hacia la puerta entornada sin picaporte.
No dijo chau, todavía esperamos el hola de su llegada.
Se persigna antes de atravesar el lumbral
pero erra y en su fallido se inca un ojo
-el único sano que le quedaba-.
De esta casa se lleva tres objetos
un tenedor de goma
para pinchar más liviano,
un espejo roto
para reflejar mi recuerdo 7 años más,
y un puñado de jabón en polvo
para lavar los rezagos de un espacio vacío,
Como una mancha incrustada en el poliéster
Como una miga encarnada bajo la uña
O una cana blanca que nadie ve,
sólo yo, bajo su pera en alto
escondida, una cana blanca, por debajo de la boca,
sobre su pera, en la quijada,
al norte de su cuello,
sobre su pera, en alto,
una cana blanca
que sólo yo, nadie más, puede ver