A 180 grados del otro lado.
Púa indisciplinada, hiedra del olvido.
No tanto dicen los tímpanos, no porque oyen,
No porque huelen, no porque vós.
Y un fugaz destello acarrea tus encías
Tan duras, eterno caníbal.
Imposible transitar aquellos vanos cueros de vía crucis,
Gritan presente a las paredes,
De nuestro cuarto transmutado a la soledad;
Zócalos sin curiosidad, desdeñados del saber
Sin manos acariciándolos, arañándolos
Faltos de pasiones desencontradas, sin gritos de jerarquía
Sin sobras de un amor apaciguado libre del calvario;
Y ellos testigos de tus sobras, de mis fuerzas tuyas
Tan vanas del pesar, frágil a tus pestañas, a tus partículas
Y verte revivir en otras, más exquisitas, menos inflamables.
Pero en el afán de clonarlas a 180 grados te veo,
Inevitable no voltear, inevitable no saber que del otro lado
Tu barba, tan propia, escoltando mi legado la veo,
En una, otra, miles retratos invisibles no me bastan.
Pelando rosas con las manos espero otra señal
Otra vuelta de la vida y siento el equívoco de los 180 grados incompletos.
Acariciando búfalos me encuentro.
Profundizando en el exilio de aquella media mitad, incompleta, extraña
Menguando en el paraíso de tus barbas, con canas, sin sobras,
Ausentes, pero a 180 grados al fin.
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