Me senté en una esquina a ver pasar, necesitaba distender mi
mente. Nunca supe meditar, respiro sólo cuando beso esuché por ahí. No sé
muchas técnicas de nada, no sé ninguna técnica de nada, pero eso sí, siempre
supe saber ver, sólo ver para saber que
el tiempo es mío. Con la mente amarrada a un par de cables de los cuales me
colgué me senté en una esquina a ver pasar.
Vi una pareja que no iba de la mano, un anciana con anteojos modernos
para su época y para hoy, da lo mismo, mi objetivo no es hacer un juicio de
valor, mi objetivo es parar la mente y ver, el señor que compra pescado, el linyera
que no puede dormir por el ruido de los autos por el sol que le pega en la cara
por los pajaritos que se despiertan, como él. La señora con kilos demás
comprando repollitos de Bruselas, la señora joven con calzas apretadas que sale
del gym y espera su turno en la verdulería, el chino del local de al lado que
se fuma un cigarrillo en la vereda, los hijos del chino que juegan a ayudar de verdad en el supermercado. El
diarero que me ficha, le esquivo la mirada, no quiero que me hable. El
cerrajero, el portero de mi edificio, la mujer del portero hamaca a la nena más
chica en la plaza, el pasto, el regador
que se activa solo cada tantos minutos ¿Habrá un sensor debajo de la tierra?,
el barrendero, el chico flaco que ya mide como 1,80, tan rebelde que parece y
su mamá lo va a buscar justo en el momento que termina de jugar a la pelota, un
auto azul que estaciona no sos vos el tuyo es negro. La del quinto con el
perrito en brazos tan histérico como ella, basta con el juicio de valor. El
poste, pasan las horas y es lo único que queda, el poste verde de la luz que
está apagada. Alguien que se asoma por la ventana, un colectivo que pasa fuera
de su recorrido, una señora sale al balcón a regar las plantas ¿No era que
había que regarlas de noche? Las baldosas rotas, unas chica que anda en bici,
otro que cruza mal, un nena que se le rompe la bolsa y se le caen los
alcauciles, un auto amarrillo, un auto gris, tres autos blanco, una Chevy, el
semáforo en rojo.
Llega el mediodía el sol me habla, se pueden ir sintiendo
los aromas típicos del almuerzo, o es una ilusión producto de mi ayuno, pasa un
cartonero comiendo un pancho mientras se levanta la carcasa de un ventilador y
sigue su ruta, el del quinto que justo bajó lo mira por encima del hombro
mientras continúa caminando en dirección a la fábrica de pastas de donde sale
el coloradito de pelo cobrizo en contacto con los destellos del sol, me quemo
la cara pero sigo mirando aunque debería tener cuidado con el cáncer de piel
dado que tengo antecedentes gracias a mi queridísimo padre que dios lo tenga en
la gloria, no creo en dios, ah bueno pero que lo tenga en la gloria igual
porque si lo tiene a él en la gloria seguro que también me va a tener que tener a mi, el del
quinto que vuelve a entrar al edificio, esta vez no mira mal a nadie porque no
hay nadie a quien mirar, tiene una bolsita de queso rallado en las manos, se le
cae y acto reflejo disimula frente a la cámara de seguridad como si fuese el
ojos izquierdo de su mujer que todo lo ve.
Semáforo en verde, una bici plateada, dos skaters, un auto negro, un auto gris
oscuro, una camioneta, dos, tres autos más, no sos vos, vos andás en moto.
Pasa un cura con calor y sotana a cuestas, el diarero se va,
en su lugar entra un joven diarero. Baja mi mamá, seguro que me busca, me pongo
los lentes me hago la boluda se pierde en el horizonte de una calle sin fin,
esa mujer que me trajo al mundo, que casi se muere para que yo esté acá sentada
como la boluda que me acabo de hacer, ella que da todo por mí, seguro que preparó un
bello plato rico en verduras y semillas sabiendo que tanto me gustan. Dejo la
esquina en dirección al chino, compro un Mantecol no ese no el grande, saco las
llaves, cruzo, vuelvo a cruzar, mamá ya debe estar por venir le voy a dar el Mantecol
que tanto le gusta lo dulce después de comer ¿qué tanto? Mucho como a mí, sólo
que yo me cuido y ella no toma alcohol por eso se puede dar esos permitidos que
yo no, llego a la puerta de vidrio de mi edificio, la meditación llegó a su fin
cargada de prejuicios y preconceptos me dispongo a entrar, hecho un último
vistazo a la esquina, a lo que pasa alrededor de ella, al mundo que gira en
torno a si mismo, al tiempo que también pasa despiadado sin detenerse para que
podamos observarlo. Pasan los viejos, los nenes, los humildes, los que
trabajan, los que sudan, los del domingo, los colorados, las mascotas, las
pelotas por debajo de los autos, pasan las pastas dentro de las bolsas, los
mantecoles, los pendejos, el del quinto, pasan de mano en mano en el pasa
manos, las mamás haciendo tiempo para comer junto a sus hijas boludas, pasan
los autos de miles colores, los graffiteros, los artistas, todo pasa, pasa de
todo, menos vos.
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