Desde las colinas de tu perfume
grito tu derecho por sobre mí.
Cuando todo pasa sólo quedás vos
con tantas caras, con tantos nombres
como ya la nada hace posible reconocer.
Desde un empedrado movedizo,
desde un armario colmado de urbe
¿Quién sabe más que el otro que no sos vos?
Subite a un globo pinchado y probá lo que nunca
bajate de esa rueba y desertá lo que siempre.
Empecinate en un color, en una expresión,
un algo que te eleve más allá de tus ubres.
Jugá con lo que comés
y pensá en quién sos.
Nadie para mí más que un cuerpo,
todo para vos más que algo inminente
porque los años no están
porque las partículas te juegan una mala pasada,
con su andar perenne
que huele a sonido fugaz, antaño.
Que sólo figura frente a tu espejo
incrustado en lo más recóndito de tus ojos.
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