viernes, 19 de noviembre de 2010

El OJO de vino y el PAPEL crepe:

Un ojo de vino que recorre el mundo encapsulado por el corcho que emana de su cuerpo, antes fue uva, rama, hoja, sabia, semilla, tierra. Viaja infiltrado en cajas de un puerto con ansias de papel crepe, (porque sepan que hoy todo es papel crepe, es el llanto de todos los días, son las risas, la familia, el hogar, los amigos, es el empapelado de las construcciones que derrocamos y levantamos cíclicamente, la comida que nos alimenta todo los días, la alfombra que recubre nuestros cimientos, las sábanas que tapan nuestros sueños, todo, absolutamente todo es papel crepe), pero a pesar de su imponencia sobre el mundo de las cosas este papel rugoso no está exento de las adversidades de los elemento, por ejemplo una lluvia tiene el poder de convertirlo en bolo alimenticio de alcantarillas, la tierra en cambio puede hacer de él alimento para gusanos, un viento tiene el don de transformarlo en pétalos de ácaros, y el fuego en cenizas de un fogón hippie. Pero existe un elemento más potente aún capaz de esfumarlo convirtiéndolo en nada de polvo galáctico: la risa. Yo, por mi parte, me voy a tomar la licencia de confesar que cuando esto sucede mi diversión alcanza su estado cúspide magnánimo, debe ser por eso que tanto me gusta el ritual del vino sobre la mesa, pero no cualquier vino, más bien uno de esos trotamundos, que tienen ojos, que vieron todo y que cuentan anécdotas que hacen reír.

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