miércoles, 28 de julio de 2010

Epopeya

Hermetismo de ninfas perennes
sumergidas por mandatos eternos.
Duendes tornasolados penetran los aposentos
Suena el violín
que amarra a las orcas entre sí
y la puerta se abre.
Todo terminó, los ojos color marrón
secularizados por el viento de la melodía muda
Transportan bacterias masivas
Mientras unas sobre otras
veneran el amor
De las olas que los violines no vieron
De aquella orca que nació en un volcán.
El baúl se abre
La fiesta recién comienza.
Ansiados débilmente por el credo
que irrumpe a las diosas de bronce oxidado
De las hojas que nadie secó
De la ventana de par en par
De berberechos de manos fraguadas
que comen higos rabiosos.
Hasta que la última puerta,
la del espejo,
entorna la canilla del mar.

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