El saco de miel se desarma entre mis manos, fluye, y yo no sé qué hacer.
Nunca sé que hacer, solo cuando ya pasó, cuando las abejas se acunan sobre mis pies.
Taciturna te espero, no se hablar, no quiero respirar, tampoco me gusta prender la luz
las sábanas me chupan, hace frio en los huesos, la puerta es blindada y tu imagen me asusta.
Un día luna al otro lado de la pared y vos flameas entre los libros amontonados en las cortinas,
me olvidé de qué llorar, la erosión interna se nutre y crece, mientras olvido como de costumbre.
Petrificadas mis manos, secas antes vos extrañan lo que va a venir.
Y yo no sé qué hacer, nunca sé qué hacer,
solo cuando ya pasó, solo cuando te vas.
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